Filosofía y Educación

 
Filosofía y Educación

¿Por qué y para qué Filosofía en las Escuelas?



Filosofía y Educación

¿Por qué y para qué filosofía en las escuelas?

Lic. Lucas G. Aldonati

14 de abril 2023

La Matanza, Buenos Aires

 

Ante todo, quiero agradecer a los aquí presentes, sin embargo, no puedo dejar de nombrar a Guido Goluscio, quien ha sido mi vecino y tenemos la misma edad, desde hace muchos años lo veo caminar y recorrer La Matanza con su vocación y trabajo en política. Tengo que admitir que en el fondo yo ya presentía que en algún momento se iban a unir nuestros caminos, porque en ciertas ocasiones intercambiamos ideas en alguna vereda del barrio de Villa Madero. No quiero dejar de nombrar a Nacho, que su apellido es todavía para mí un misterio, pero que desde el minuto cero estuvo al pendiente y a disposición para lo que necesitara. Y, por supuesto, a Daniel Dauria por ceder este espacio.

Tengo que admitir que me encuentro feliz y muy emocionado por el agasajo del día de ayer en el Honorable Consejo Deliberante de La Matanza, porque ha sido un enorme reconocimiento a mi trabajo. Si bien escribir un libro sobre filosofía es realizar lo que me apasiona y me llena el alma, haber recibido un diploma de reconocimiento es un incentivo para poder seguir trabajando. No estoy sólo contento por el reconocimiento personal, sino sobre todo porque lo que se está premiando es al esfuerzo y al trabajo cultural, a la formación y educación de jóvenes.

Para quienes no me conocen trabajo con la filosofía y la docencia hace casi diez años. A lo largo de todo este tiempo estuve en Instituciones privadas y públicas, en nivel secundario, terciario y universitario, en modos de enseñanza formales e informales, de manera presencial y virtual, no sólo en Argentina, sino también para otros países como Colombia, México, Chile, España, Italia y Alemania, entre otros. Llevo la filosofía, antropología y psicología a las aulas con un criterio en común, a saber: 1) aprender a fundamentar nuestras ideas; 2) generar un pensamiento crítico; 3) y poder establecer la capacidad de diálogo. Y este no sólo siguiendo estrictamente los programas de enseñanza y los apartados burocráticos que exige el sistema educativo, sino muchas veces partiendo de la escucha y las necesidades que, al entrar al aula, uno como docente tiene que asistir.

1) Fundamento se dice en alemán Grund, y quiere decir también suelo o base, y esto refiere a la teoría, en tanto terreno, sobre las cuales debemos sentar nuestras ideas. Y, a su vez, al abanico de nuestras ideas debemos someterlas a la crítica. 2) Si revisamos la etimología de la palabra, encontramos que proviene del origen griego: krínein (“dividir”, “separar”). Del griego antiguo κριτικός (kritikós) quien es "capaz de discernir", “capaz de juzgar”, derivado de κριτής (kritēs, "juez", “arbitro”), del verbo κρίνω, κρίνειν (krinō, krinein, "juzgar"); kritiké es el “arte o aptitud del enjuiciamiento”. El que afirma o niega algo emite un juicio, y el que enjuicia: separa. En alemán encontramos esa relación con el griego porque juicio se dice Ur-teil, teil es parte, y el prefijo –Ur remite al origen. Por tanto, Urteil, juicio, es la unidad antes de que sean escindidas las partes. Finalmente, de la mano de nuestras ideas fundamentadas y de la posibilidad de hacer una crítica de nuestros pensamientos podemos enriquecer 3) el diálogo. La palabra διάλογος que significa “conversación o discurso”, compuesta del prefijo διά (a través de) y la raíz λóγος (difícilmente traducible pero que acepta las acepciones de ciencia, razón, lenguaje, palabra). Por tanto, cuando dialogamos estamos comunicando nuestras ideas y pensamientos a través o por medio de la palabra.

El diálogo se trata de “elegir” y “escoger” las palabras al hablar, de “reunir elementos similares”. Emitir un discurso es llevar a cabo un enunciado con un sentido preciso. De hecho, nosotros mantenemos la raíz λέγ- o λογ- (en castellano el verbo “e-leg-ir”, “co-lec-cionar”, o la palabra “inte-lig-encia”. El λóγος, la palabra, es lo que nos distingue, según Aristóteles, del resto de los animales. Somos el único animal capaz de criticar y de establecer valores a las cosas por medio de la palabra. Con la palabra fijamos lo que es justo e injusto, lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo.

Ahora bien, todos estos elementos han conformado los ejes centrales de la paideía (en griego παιδεία, "educación" o "formación", a su vez de παις, país, "niño") era, para los antiguos griegos, el proceso de crianza de los niños, entendida como la transmisión de valores (saber ser) y saberes técnicos (saber hacer) inherentes a la sociedad. La paideía consistía en transmitir los elementos de la formación que harían del individuo una persona apta para ejercer sus deberes cívicos. Sabemos que los griegos instauraron la democracia, el poder del pueblo. Ya afirmaba Platón en República, que hay que educar el cuerpo por medio de la gimnasia y el alma con la filosofía y la música. Una buena educación nos perfecciona la técnica, la palabra τέχνη designa la actividad productiva especializada. Por ejemplo, un artesano que hace zapatos, mientras más perfeccione su técnica, más posibilidades hay de que alcance la virtud, es decir, la excelencia. La areté, la virtud, es dar con la excelencia en la función que uno ejerce. Mientras más conocemos nuestro campo de acción, más posibilidades hay de hacernos virtuosos en ello.

Como docente, considero que una buena educación busca alcanzar, por medio de la formación, la virtud del ciudadano. La virtud se emparenta, a su vez, con la belleza, con el bien y con la verdad. Y, sobre todo, cabe comprender que esa Unidad de bien, bello y bueno, que tiene como fin la verdadera educación, es decir, no en educar para que respondan a determinados intereses y permanezcan adormecidos, sino que puedan emanciparse en la toma de decisiones con un criterio digno, tampoco no se halla por medio de la satisfacción inmediata de los deseos y las necesidades individuales. En la formación es necesario aprender a desprendernos de nuestra inmediatez para poder elevarnos a un bien mayor. Quien se deja arrastrar por sus instintos y deseos particulares para el griego era un idiota. Para que se entienda mejor, “Quien no capta el lógos es un “idiota”: un idiota, para un griego, es alguien que no tiene sentido comunitario o participativo, que sólo piensa en sí mismo y que, por eso, se equivoca” (Cordero, 2018: 71).

Para concluir, refiero a Política de Aristóteles, frase con la que firmé el libro de Guido y que sintetiza política, filosofía y educación: está bueno vivir, pero es mejor vivir bien. La polis (la ciudad) es, según comprende Aristóteles, por Naturaleza, dado que ninguno por sí solo es autosuficiente, necesariamente debemos compartir y dialogar con el otro. Salir de nosotros mismos para retornar más enriquecidos. Es en el nosotros, en la comunidad, en el compartir, en la gratuidad, donde podemos experimentar la felicidad. Para transformar la realidad es necesario creerlo, generar una buena teoría, criticarla y llevarla a dialogo con el otro. Ponerla a disposición. Pero para eso primero debemos convencernos de que se puede estar mejor, que nos merecemos todos algo mejor. Y, sin dudas, la educación es un eje central en este camino porque la educación cura y transforma, dignifica y libera.

Gracias.

 


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